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TEMA: ¿QUE HACER SI TE HAN DAÑADO?
Pasaje devocional: Mateo 18:23-35.
Texto áureo: “Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís mas bien el ser defraudados?” (1 Co.6:7).
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VERDAD BÍBLICA
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VERDAD BÍBLICA APLICADA
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La palabra de Dios nos enseña que debemos perdonar a todos aquellos que nos han ofendido.
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Así como Dios ha perdonado nuestras deudas, debemos nosotros perdonar a quienes nos hayan agraviado, siguiendo así el ejemplo divino.
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OBJETIVOS
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De conocimiento:
Conoceremos los perjuicios que puede producir en nuestra vida el resentimiento cuando no lo comprendemos en su justa dimensión.
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De aplicación:
Decidiremos en nuestro corazón liberarnos con la ayuda de Dios de toda raíz de amargura que pudiera haber anidado en nuestro corazón.
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De acción:
Pondremos en práctica el ejemplo que nos ha dejado nuestro divino maestro para perdonar también a aquéllos con quienes nos hemos distanciado a causa de algún agravio recibido.
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Introducción: Casi todos los problemas y las tensiones emocionales provienen de conflictos sin solucionar, por no haber sido capaces de desarrollar relaciones adecuadas con las personas. Debido a eso, muchos se sienten profundamente dañados y sin el más mínimo deseo de otorgar un perdón total a quien le ha ofendido. Saber perdonar constituye el ingrediente básico y necesario para una relación interpersonal saludable. El perdón, cuando se otorga, libera de la culpa al ofensor y permite al ofendido interactuar positivamente con otras personas. Y al pensar en el daño que generan los agravios que hemos recibido nos preguntamos: ¿Por qué razón Dios nos pide que perdonemos a quien nos ha ofendido? Quizá podemos pensar también: ¿por qué he de perdonar al que se ha burlado de mí? Si la mayoría de las veces la gente que nos ofendió ha dejado una gran herida en nuestro corazón y lo que menos le preocupa es nuestro perdón.
Contenido bíblico:
I. Debemos evaluar de manera objetiva en qué medida hemos sido dañados.
A. La ofensa recibida puede llevarnos a culpar a todo y a todos de los problemas en que nos vemos inmersos y producir en nosotros amargura, lo que a su vez puede contaminar a otros. He.12:15
B. A veces podemos sobrevalorar nuestra conducta y la autoestima se eleva. La inclinación natural en el ser humano es ver la paja en el ojo ajeno y no mirar la viga que hay en el propio. La Biblia dice: Ninguno tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura. Ro.12:3.
C. Pensar objetivamente es concentrarnos en atacar el problema, no a la persona que nos ha ofendido. Sal.25:5 Recuerde que usted puede enojarse pero eso no le da derecho a responder con agresión.
El papel del enemigo de nuestra alma es comprometernos a vivir atados a un pasado de dolor. Ef.4.26-27.
D. Todo esto sólo puede lograrse teniendo una profunda relación con Dios. Sal.25:14.
II. Dios quiere liberarnos de todo resentimiento y amargura.
A. Su pueblo clamó a Él en su angustia cuando sus almas desfallecían, y Él los libró. Sal. 107:4-9. Nosotros debemos hacer lo mismo con la confianza de que Él nos responderá. Jer.33:3; 1 Jn.5:14-15.
B. Dios usa las circunstancias difíciles para purificarnos, para cultivar en nosotros un corazón limpio, pues es en las circunstancias difíciles donde Dios habla a nuestro corazón. 1 Pedro 4:16; Os.2:14.
C. El deseo de Dios es hacer que las ofensas que otros le han causado, en vez de resentimiento, produzcan amor. Mateo 5:43-44. Cuando alguien nos ha dañado, Dios, en su sabiduría y como padre amante, lo utiliza para fines benéficos a favor de sus hijos. Ro.8:28.
D. Una de las mejores maneras de liberarnos del dolor que produce el daño recibido es perdonar a quien nos ha ofendido y buscar en la medida de lo posible la reconciliación, entendiendo que esto es un proceso y que posiblemente llevará tiempo restaurar la relación deteriorada. Ef.4:32; Stg.5:16.
III. Como creyentes debemos seguir el ejemplo sublime de Jesucristo.
A. La Biblia dice que Dios es amor y esto quedó demostrado cuando envió a su hijo a morir en nuestro lugar para poder obtener el perdón de nuestros pecados. Jn.3:16.
B. Si bien es cierto que el hombre mostró crueldad e ingratitud ante el acontecimiento del Calvario; del lado divino encontramos la más bella y amplia expresión de amor. Ro.5:8.
C. En el corazón del Señor Jesús no había ira, resentimiento ni deseo alguno de castigo sobre los que lo estaban maltratando sino un profundo anhelo de que fueran perdonados por el Padre. Lc.23:34.
D. Perdonar es exculpar a la otra persona de las consecuencias del agravio que nos ocasionó. Es liberarlo de la culpa. Flm.18-19; Jn.8:10-11. Perdonar es en definitiva restaurar las relaciones con los demás propiciando la paz y la armonía.Ro.12:17-18.
E. Perdonar es un acto de misericordia. Más que hacia el otro, generalmente con uno mismo. Porque cuando no hay perdón, el más agraviado y dañado resulta ser uno mismo.
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CULMINACIÓN
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Aplicación:
Cuando le parezca que lo han dañado de tal forma que todo le lleve a pensar que se han olvidado de usted, nunca se revele ni se queje. Extienda sus raíces bien hondas en busca del agua viva. Porque verdaderamente hay agua de vida en esos momentos difíciles. Desde luego que esto no es superficial, es una experiencia profunda en Dios y la mayoría no logra experimentarla pues se hunde en el dolor.
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Acción:
Decidamos perdonar a todos aquellos que nos han dañado de la misma forma que Dios nos ha perdonado a nosotros en Cristo todos nuestros pecados. Desechemos de nuestra vida todo resentimiento pues esto será en beneficio de nosotros mismos.
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Conclusión:
La cruz de Cristo ha venido a ser el centro de la historia. Allí se siembran todas las esperanzas del hombre para alcanzar la salvación y el perdón de sus pecados, allí se cumplen todos los ideales del creyente, allí alcanza todas sus victorias.
Todos los hombres, queramos o no, ocupamos un lugar frente a la cruz. Todos somos culpables de la muerte del Señor Jesús. Pero todos podemos también aprender a perdonar como Él nos perdonó.
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